La ardilla del parque está cavando otra vez. Empuja algo bajo el roble, aplana las hojas con las dos patas delanteras, mira una vez a su alrededor y se va corriendo. Tu peque se para en el camino y quiere saber dos cosas: ¿qué escondió?, ¿y lo va a encontrar algún día?
Esta es la historia de esa avellana, contada en cinco escenas pequeñas. Cada escena tiene un dibujo para colorear, los datos vienen de gente que estudia y protege a las ardillas, y el final tiene un árbol.
Una nuez cada vez
En otoño, las ardillas entierran semillas y frutos secos para tener qué comer en invierno, cuando escasea la comida, según el Woodland Trust británico. A la ardilla roja le encantan las semillas de pino. También come avellanas y semillas de alerce y de abeto, y cada una la lleva a algún sitio, un viaje tras otro.
La ardilla en la rama es el dibujo fácil para peques de tres o cuatro años: una cola grande, una rama gruesa, mucho espacio libre. El del manzano tiene más partes pequeñas por descubrir, así que le va bien a quien guarda las bellotas diminutas para el final.
Diez mil escondites
Aquí llega el número que deja a los niños con la boca abierta. Según Naturschutzbund Österreich, una ardilla puede tener hasta 10.000 escondites para sus semillas y nueces. Para encontrarlos otra vez, el hipocampo, la parte del cerebro que recuerda lugares, crece durante un tiempo corto, y el cerebro llega a ser hasta un 15 por ciento más grande.
El dibujo de la ardilla cavando se convierte en juego. Tu peque colorea la avellana que tiene entre las patas y luego esconde una nuez de verdad o un botón en la habitación mientras tú miras para otro lado. Mañana en el desayuno, ¿todavía sabe dónde está? Un escondite es fácil. Diez mil ya suena a muchísimo.
Los más grandes pueden dibujar un mapa de la habitación en el reverso de la hoja y marcar el sitio con una cruz. Las ardillas no tienen mapa, y eso hace la comparación todavía más divertida.
Un rato en el nido
El nido de una ardilla está en lo alto de un árbol. La ardilla roja lo construye con ramitas, hojas y tiras de corteza, cuentan The Wildlife Trusts, y el Woodland Trust añade que por dentro lo forra con musgo, hojas y otras cosas suaves.
Los erizos y las marmotas pasan el invierno en un sueño profundo. El descanso invernal de la ardilla es mucho más ligero: se despierta más a menudo, cuando tiene sed o hambre, y sale a buscar comida en uno de sus escondites, explica Naturschutzbund Österreich. Por eso en enero, en una mañana fría y despejada, todavía puedes ver una ardilla en el parque.

Este es el dibujo tranquilo de la serie, ideal para los últimos diez minutos antes de dormir. No hay mucho que decidir: ramitas marrones, unas pocas hojas y una ardilla con sueño.
La nuez que nadie volvió a buscar
Ahora llega el giro de la historia. La memoria de una ardilla es excelente, y aun así se le escapan algunos escondites. Saving Scotland's Red Squirrels lo explica así: algunas de las semillas que entierran brotan en primavera y tienen muy buenas posibilidades de convertirse en gigantes. Naturschutzbund Österreich dice lo mismo de los escondites olvidados y añade que las ardillas, igual que los arrendajos, ayudan a mantener vivos los bosques naturales.
Colorea primero el brote, pequeño y verde, con el capuchón de la bellota al lado. Después colorea el roble grande y cuéntale a tu peque que son el mismo árbol, con muchos años de diferencia. Si hay un árbol por el que tu peque pasa todos los días, los dibujos para ese árbol del camino al cole siguen la misma idea a lo largo de las estaciones.
¿Qué más te apetece colorear?
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Pistas de ardilla en tu próximo paseo
No hace falta ver una ardilla para saber que estuvo ahí. The Wildlife Trusts mencionan dos pistas: cáscaras de avellana partidas limpiamente por la mitad y piñas mordisqueadas hasta parecer el corazón de una manzana. Lleva los dibujos terminados al próximo paseo y deja que tu peque levante el que corresponde cuando encuentre una pista.
A los cinco años, buscar cáscaras partidas es una aventura. A los ocho, se puede llevar la cuenta en el margen del dibujo del nido: ¿cuántas ardillas vieron, cuántos nidos en lo alto de las ramas peladas? Todo lo que traigan a casa, una cáscara partida o una piña mordida, tiene un lugar en la mesa de la naturaleza de otoño.
En algún rincón de tu parque hay una nuez que una ardilla olvidó esta semana, y quizá sea el comienzo de un árbol al que algún día trepen tus nietos.











