Pregunta a un grupo de educadoras de infantil si las páginas para colorear tienen lugar en el aula y empezará una discusión. La preocupación de fondo es real y muy concreta: si un niño pasa la tarde rellenando el contorno de una vaca que dibujó otra persona, ¿le estamos enseñando en voz baja que hay una forma correcta de dibujar una vaca, y que la suya no cuenta?
Es una pregunta legítima y tiene una historia más larga de lo que la mayoría imagina. Aquí está lo que dice de verdad la investigación, dónde tiene razón la preocupación y qué hábito causa el daño que solemos achacar a las hojas en sí.

De dónde viene la preocupación y por qué no es una tontería
La objeción a los libros para colorear tiene casi ochenta años. En 1947, el profesor de Penn State Viktor Lowenfeld, a quien muchos consideran el padre de la educación artística moderna, escribió en Creative and Mental Growth que existe un acuerdo general en que los libros para colorear también perjudican la expresión creativa de los niños. Su razonamiento era más fino que el eslogan en que se convirtió después. Partir de un contorno ya hecho, sostenía, vuelve a los niños menos seguros de su propio dibujo, porque ven que su vaca nunca saldrá tan limpia como la impresa.
Hay una demostración conocida de esto. Dales a los niños una hoja en blanco y pídeles que dibujen un pájaro, y obtendrás toda una bandada de pájaros raros y maravillosos. Dales a esos mismos niños un libro para colorear donde cada pájaro son dos arcos prolijos, pídeles de nuevo, y muchos empiezan a dibujar justo ese pájaro simplificado. La educadora de arte Melody Milbrandt resume la verdadera objeción: en una página para colorear, la imagen ya está ahí, con poco espacio para que el niño construya un sentido propio. Las decisiones se tomaron antes de que el niño se siente.
Así que la preocupación no es un disparate. Si colorear dentro de las líneas fuera lo único que dibuja un niño, sería un problema de verdad.
Qué desarrolla en realidad colorear dentro de las líneas
Pero "lo único que dibuja un niño" carga con mucho peso en esa frase, y ahí es donde el eslogan se pasa de la raya.
Colorear una forma definida es buena práctica para la mano. Sujetar un lápiz, controlar la presión y llevar una línea hasta un borde desarrollan la concentración y la motricidad fina que más tarde alimentan la escritura y, cuando el niño lo decide, el colorear dentro de las líneas a propósito. Calma, es una actividad tranquila que se comparte, y le da a un niño que aún no se anima a dibujar libre una manera de empezar a hacer trazos.
La salvedad honesta, que la mejor literatura de infantil cuida de señalar, es que ninguno de estos beneficios es exclusivo de las hojas para colorear. Dibujar libre, pintar, ensartar cuentas y amasar plastilina desarrollan las mismas destrezas de la mano, y el arte abierto lo hace dejando cada decisión en manos del niño. Colorear es una buena herramienta. No es mágica, y no se pierde nada al tratarla así.
| Qué desarrolla | Colorear una página impresa | Dibujar en hoja en blanco |
|---|---|---|
| Motricidad fina | Fuerte: llevar el trazo al borde | Fuerte: también formar las figuras |
| Calma y concentración | Fuerte, con poca presión al empezar | Fuerte cuando el niño ya se siente seguro |
| Elección de colores | Del niño, si lo dejas | Por completo del niño |
| Ideas y composición | Las decide la imprenta | Las decide el niño |
| Ideal para | Empezar, ratos tranquilos, motricidad | Imaginación, sentido, invención |
El único hábito que sí limita la creatividad
Fíjate en que la tabla tiene un solo hueco real: quién decide qué muestra el dibujo y cómo se ve. Ese hueco no lo causa la página. Lo causa cómo la usa el adulto.
Dos hábitos de los adultos convierten una actividad inofensiva en una que encierra. El primero: hacer de las páginas para colorear la única propuesta, de modo que el niño nunca llega a la hoja en blanco donde las ideas son suyas. El segundo: vigilar en voz baja los colores "correctos", esas pequeñas correcciones de que el cielo es azul, el pasto verde, el sol una bola amarilla en la esquina. Hazlo bastante seguido y, como apunta Milbrandt, los niños adoptan esos símbolos como la forma en que las cosas deben verse.
Cómo mantener el colorear abierto
No tienes que elegir un bando. Unos pocos gestos mantienen las páginas para colorear en juego sin que desplacen la invención, ya sea en el aula, en la mesa de homeschool o en un sábado de lluvia.
- 1Pon una hoja en blanco junto a la impresa, siempre. Cuando las dos están sobre la mesa, elige el niño, y la mayoría va y viene entre ambas con libertad.
- 2No digas nada de los colores. Un sol morado es un sol correcto. El niño igual aprende los colores cuando hablas de cuáles usa, no cuando le asignas cuáles debería usar.
- 3Usa una página como pista de despegue, no como meta. Un niño fascinado con los dragones que ignora la hoja en blanco quizá se anima con una página de dragón y, diez minutos después, dibuja el suyo. En infantil llaman a esto partir del interés del niño, y muchas veces la hoja impresa es justo lo que destraba el dibujo libre.
- 4Gira los temas hacia la invención. Páginas que invitan al niño a añadir, cambiar o completar algo, como escenas del espacio para niños que prefieren inventar antes que copiar o propuestas a propósito disparatadas que empiezan rompiendo una regla, dejan abierta la puerta a sus propias ideas, incluso dentro de las líneas.
¿Qué más te apetece colorear?
Elige o escribe una idea — se abre en otra pestaña.
La pregunta de verdad no es si, sino cómo
Las páginas para colorear nunca fueron el villano que pintó el eslogan, ni tampoco el motor del desarrollo que promete el envase. Son una actividad tranquila, útil y de lo más común, que desarrolla destrezas reales y vive un cajón más allá de la hoja en blanco donde habitan las ideas propias de un niño. Ten las dos a mano, no opines sobre los colores, y la creatividad se cuida sola.




