Un niño entra del jardín con una hoja roja plana entre las dos manos, como se lleva algo que podría romperse. ¿De dónde salió ese color? Ayer el árbol estaba verde. Hoy hay una hoja del color de un camión de bomberos, y una pregunta que merece una respuesta de verdad.
La respuesta es más rara que "la hoja se volvió roja". El color ya estaba ahí.
El verde lo tuvo escondido todo el tiempo
Todo el verano, una hoja funciona como una pequeña fábrica verde. El verde es la clorofila, el pigmento que atrapa la luz del sol y la convierte en alimento para el árbol. Hay tanta que tapa cualquier otro color, como una voz fuerte llena una habitación entera.
Los colores callados estuvieron ahí todo el tiempo. Unos pigmentos amarillos y anaranjados, los carotenoides, viven dentro de la hoja desde la primavera, cubiertos por tanto verde. Cuando los días se acortan y el árbol deja de fabricar clorofila, el verde se apaga. El oro y el ámbar de abajo por fin aparecen.
El rojo es la sorpresa. El árbol lo prepara fresco en otoño, cuando el azúcar atrapado se encuentra con la última luz de la estación. No todos los árboles se molestan. Por eso un arce arde en escarlata mientras el roble de al lado se queda en marrón.

Reconoce la hoja por su forma
Antes del color está el contorno. Cada árbol firma sus hojas de otra manera. Cuando un niño aprende tres o cuatro formas, empieza a verlas en cada camino de vuelta a casa. Esta pequeña guía cubre las que es más probable que encuentres en el suelo.
| Hoja | Árbol | En qué fijarte | Colores |
|---|---|---|---|
| Arce | Arce | Cinco lóbulos en punta, como una mano abierta | Escarlata, naranja, oro |
| Roble | Roble | Bordes redondeados y ondulados, bellotas cerca | Rojo intenso, marrón, óxido |
| Ginkgo | Ginkgo | Un pequeño abanico, partido por el medio | Un amarillo limpio y parejo |
| Liquidámbar | Liquidámbar | Una estrella de cinco puntas | Morado, rojo, naranja |
El arce es la que casi todos los niños dibujan primero, pura punta y simetría. Imprime unas cuantas y deja que la misma forma sea un color distinto cada vez. Una escarlata, una calabaza, una mitad y mitad, porque las de verdad hacen justo eso.
El ginkgo es el raro, un abanico liso sin ninguna punta, y casi siempre se vuelve de un solo amarillo limpio. Le va bien a un niño al que le gusta quedarse dentro de las líneas. Y trae una buena historia: el ginkgo existe desde los tiempos de los dinosaurios, una de las especies de árbol más antiguas que aún crecen.
Aquí no hay colores equivocados
Un arce de verdad puede ser rojo, naranja, dorado o los tres a la vez, así que una hoja de arce no tiene respuesta correcta que fallar. Este es el raro dibujo en el que una hoja morada no es un error. Es solo una hoja de un árbol que fabrica mucha antocianina.
Esa libertad es lo importante. El otoño le entrega al niño la mitad cálida del círculo cromático, y hay una razón por la que esos rojos y dorados parecen brillar en el papel: los colores cálidos avanzan y los fríos retroceden. Dale un solo contorno de hoja y un puñado de lápices cálidos, y deja que saque el color como lo hace la estación.
Una hoja grande con cada nervadura dibujada mantiene ocupado un buen rato a un niño cuidadoso. Un montón entero es para las tardes que hay que llenar.
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Dibujo para colorear de rama de Liquidambar
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