Primero cruza el agua. Todo castillo empezaba en su punto más difícil de alcanzar, y ahí mismo empieza la diversión: un foso, un puente levadizo de madera y una puerta hecha para dejar fuera a casi todos. Coloréate un camino hacia adentro y el resto del castillo se abre detrás.
Esto es un recorrido, no un solo dibujo. Empezamos afuera, junto al agua, y avanzamos hacia adentro, sala por sala. Cada parada tiene una parte con un nombre real y un trabajo real. Aprende los nombres mientras avanzas y un simple contorno se vuelve un lugar que entiendes.

¿Castillo real o de cuento?
Dos edificios muy distintos comparten una palabra. Un castillo medieval de verdad es bajo, grueso y serio, pura piedra pesada y ventanas pequeñas, porque cada muro tenía que resistir un asedio. Un castillo de cuento es lo contrario: alto, esbelto y lleno de torres puntiagudas, de esos que aparecen al final de un libro ilustrado. Los dos valen la pena. Saber cuál tienes delante solo te ayuda a elegir los colores: piedra gris y hierro para la fortaleza, rosas y dorados para el cuento, y quizá un dragón rodeando la torre más alta si te animas.
| Parte | Castillo real | Castillo de cuento |
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